POR LA ESPIRAL
Por
Claudia Luna Palencia
Más
policías y más gasto vs. inseguridad
El gasto
en seguridad nacional aumentó 102.15%, al pasar de 74 mil 203 millones de
pesos, en 2006, a 150 mil millones de pesos para el año en curso.
De acuerdo
con datos del INEGI y del Gobierno Federal, se ha ejercido un gasto en
seguridad nacional sin escatimar peso ni centavo alguno, dada la lucha frontal
del gobierno contra cárteles de la droga y otros grupos delincuenciales.
Si lo
traducimos en términos de cuánto fue destinado por habitante: En 2006, el
primer año del sexenio del Presidente Felipe Calderón, un total de 687.06 pesos
per cápita fue gastado en seguridad nacional (con una base de 108 millones de
habitantes, según el Conapo)
En 2012,
con un mayor número poblacional, estimado en 112 millones de personas y un
gasto aprobado que se duplicó, tendremos que, al próximo mes de diciembre,
habrán sido ejercidos mil 339.28 pesos de gasto per cápita anual en seguridad
nacional.
En seis
años se duplicó el gasto en seguridad nacional y casi creció al doble su gasto
per cápita, así que, por cada habitante menor o mayor de edad, el Gobierno
Federal destinó, para su cuidado, mucho más dinero que en los prolegómenos del
poder del Presidente Calderón.
No
obstante el desembolso pecuniario emanado de los impuestos de la ciudadanía, la
gente siente más miedo en la actualidad respecto de seis años atrás; la
violencia es más aguda; el saldo de muertos civiles supera los 50 mil debido a
la guerra de fuego cruzado contra cárteles y grupos delincuenciales, de ahí el
refuerzo de los cuerpos de seguridad. Por ejemplo, la Policía Federal nada
tiene que ver con la dependencia que era en 2006, cuando en ésta trabajaban 6
mil 500 agentes; en los albores de 2012 hay 36 mil agentes, un crecimiento del
453.84% en la plantilla de este órgano desconcentrado de la Secretaría de
Seguridad Pública.
¿Qué ha
pasado con esta expansión? En 2006 había un agente de la PF por cada 16 mil
615.38 habitantes, y para 2012 hay un agente por cada 3 mil 111.11 habitantes,
pero la percepción de la ciudadanía sigue siendo negativa al respecto de la
violencia y acerca de su propia protección y su familia.
Hoy por
hoy, la inseguridad, y todo lo que de ésta deriva, es el gran tema. Nada
preocupa más, ni siquiera lo económico, donde salario y empleo siempre están
presentes en el diario vivir de los mexicanos, de hecho, familiarizados con la
crisis de cada seis años.
A COLACIÓN
En su
momento, los diversos candidatos que contiendan para la Presidencia tendrán
menudo reto para llevar al electorado a las urnas.
Por lo
pronto, Josefina Vázquez Mota, en plan de candidata del blanquiazul, conoce de
cerca la sensibilidad del tema. Ojalá lograra integrar a sus propuestas algunas
de las experiencias padecidas por Isabel Miranda de Wallace cuando ella se
dedicó a buscar a los secuestradores y asesinos de su hijo.
La
seguridad no únicamente engloba, más o menos, Ejército en las calles, como
viene anunciando Andrés Manuel López Obrador, con la promesa de que, en caso de
ser presidente, en 6 meses lo sacaría de las calles; ni tampoco es cuestión de
hacer más grande la Policía Federal o elevar la Secretaría de Seguridad Pública
a calidad de superdependencia.
La
experiencia de Isabel es la de muchos miles de ciudadanos doblemente victimizados,
primero, por las personas que dañaron a sus respectivos seres queridos y,
segundo, por leyes e instituciones operando bajo una serie de incompetentes
que, en lugar de ayudar, más bien entorpecen; que en lugar de proteger, más
bien acechan; que en lugar de representar la ley de manera honesta, la aplastan
para corromperse.
La
seguridad deseada supera la cuantificación de más o menos agentes federales;
más o menos Ejército, o tenerlo en la calle o en los cuarteles; se trata de
contar con un verdadero plan integral en seguridad que reduzca la corrupción,
agilice los juzgados, modernice los ministerios públicos; eleve las penas de
cárcel para secuestradores e incluso introduzca el debate nacional acerca de la
pena de muerte para todos aquellos que detenten contra la vida de un menor de
edad.
De lo que
se trata es de resolver problemas; la gente merece vivir en paz. Antes
secuestraban a los hijos de familias pudientes; ahora secuestran a hijos del
pueblo por 3 mil o 5 mil pesos.
Esto forma
parte de la realidad. Por ende, hay que resolverlo; a todos nos interesa porque
ha rebasado los estratos sociales y, considero, no puede ser abordado de forma
banal por quienes aspiran a gobernar México.
P.D. Le
invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com


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