POR LA
ESPIRAL
Por
Claudia Luna Palencia
Vulnerabilidad en la red
El año
pasado, 431 millones de personas en el mundo sufrieron algún tipo de ataque
cibernético, casi siempre phishing y robo de identidad, de acuerdo con el
Instituto de la Organización de las Naciones Unidas para la Formación y la
Investigación (Unitar, por sus siglas en inglés).
Tampoco
las empresas privadas ni las instituciones públicas se salvan de los
ciberataques, de ahí los esfuerzos en pro de la seguridad: En 2011 fueron
gastados 338 mil millones de dólares, en todo el mundo, con la finalidad de adoptar
mejores plataformas tecnológicas y software de protección.
La
maravilla del Internet y su capacidad de interconexión para facilitar la vida
del ser humano tiene, en contracara, un velo de vulnerabilidad que todos los
días pone en jaque a personas, empresas e instituciones.
Incluso,
el famoso spam figura, en las empresas privadas, como un factor que resta
tiempo y atención a los respectivos empleados, que todos los días deben
eliminarlo.
El otro
día escuché a una señora quejarse de su correo; ella argumentaba que había
habilitado su cuenta para estar en contacto con sus hijos, algunos parientes y
amigos: “No llegan ni a 10 personas, pero cuando abro mi correo tengo que
perder tiempo borrando el doble de correos basura”.
Empero,
ella no es la única enfadada tanto por el correo basura como malicioso; de
hecho, la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) afirma que México ocupa el
noveno sitio en la distribución de este tipo de contenidos.
Al
parecer, la única forma de combatirlos es elevando las alertas antispam, no
caer en la trampa de enviar datos personales, ni bancarios, aunque la supuesta
página que lo solicite tenga todo el tipo de ser, casualmente, la de la
institución bancaria; tampoco responder correos de destinatarios desconocidos,
no descargar attachment dudoso, evitar, ante todo, una mayor intromisión en la
intimidad.
Primordialmente,
porque la delincuencia está detrás del spam y gusanos cibernéticos; mail de
bancos pidiendo actualización de datos con páginas phishing para hacer fraudes
financieros; envío de falsos contactos con todo tipo de alertas, premios
online, cartas de herencia y notificaciones de correos desconocidos.
A COLACIÓN
Me pregunto si alguna vez ganaremos la batalla contra el
ciberfraude y, como usuarios, estaremos ciento por ciento seguros para
realizar, sin temor alguno, compras de todo tipo por la red más universal.
A mi
juicio, el cibercomercio detonaría más si redujera el grado de exposición al
riesgo en las operaciones de compra porque tenemos una especie de “ruleta rusa”;
hay usuarios adheridos, totalmente, a comprar por Internet desde libros,
camisas, DVDs, CDs, colecciones, boletos de avión en oferta o gangas en
hoteles, y nunca les ha pasado nada malo con la utilización de su tarjeta de
crédito.
Lo
negativo es que hay otro grupo de personas afectadas, y muchas más que evitan
todo tipo de operaciones. Precisamente, la AMIPCI reconoce que el comercio
electrónico tan sólo representa 15% del comercio total en México, muy bajo si,
por ejemplo, lo comparamos con el 40% de Estados Unidos.
Desde
luego, no ayuda saber que México ocupa el segundo lugar en fraudes por Internet
en América Latina; la desconfianza aumenta. Tan es así que, ante una operación,
el primer pensamiento va dedicado a que no pase nada malo con la información de
la tarjeta de crédito.
En otros
países, como España, algunas empresas contactadas por Internet aceptan el pago
contrareembolso cuando la adquisición es un bien a domicilio. La gente no se
fía del todo.
Otras
operaciones más cuestionables están relacionadas con las reservas de hoteles;
algunas web únicamente solicitan datos bancarios de respaldo, advirtiendo que
no realizarán cargo alguno, salvo que el cliente no cancele 24 horas antes o
falte el día del ingreso al hotel.
No
obstante, otras páginas de hoteles únicamente confirman la reserva si al
momento proporcionan todos los datos bancarios para, en el momento, realizar el
cargo de toda la estancia.
En
resumen, Internet tiene muchas más ventajas que desventajas, aunque ese mundo
invisible, sin barreras o aparente control, resulta riesgoso para la seguridad
de personas, empresas e instituciones, sobre todo cuando la información cae en
malas manos.
P. D. Le
invito a que opine del tema en mi blog: http//claudialunapalencia.blogspot.com

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