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sábado, 14 de noviembre de 2015

Con prisas



Hoy todos somos... ayer fuimos Hebdo, unos años atrás enmudecimos con los atentados de Atocha, después  Londres e imposible olvidar el origen: el parteaguas del 11 de septiembre de 2001. Desde entonces hemos dejado de ser un poco nosotros mismos para vivir bajo la nube inquietante de la sorpresa maldita de un atentado terrorista.

Nos consolamos con una manifestación colectivista digital solidaria con imágenes y dibujitos condenatorios porque sabemos en parte que nada podemos hacer vivimos asfixiados de malas noticias muchas ajenas a nosotros, ni siquiera somos los protagonistas, sin embargo terminan impactándonos ya sea  por el flanco izquierdo o el derecho. Es, imaginemos, un boomerang que alguien lanzó en alguna parte y ha terminado en nuestras manos.

Así acontece con el anarcoterrorismo sus emisiones devastadoras pretenden derruir los pilares de nuestra Civilización, asesinan a mansalva, con la codicia del odio y  desatando inmenso dolor; y si se les mata parecen reproducirse como hiedras en otros sitios como sucede lamentablemente con los lobos solitarios.

Pero los hilos del poder de ese poder oscuro y la maquinaria de financiamiento del anarcoterrorismo nos rebasa a nosotros como sociedad civil soliviantada por nuestro buenismo de plegarias por los asesinados por tan inhumana crueldad. Nos condolemos por la ambición de la destrucción del otro por diferencias culturales, ideológicas, de credo y fe. 

Es curioso pero dentro de la macabra perpetración de actos terroristas se esconde una obsesión por los números primos: 3, 5, 7, 11, 13... 31 cuando lo del avión ruso (así lo expliqué en La Política del Miedo)  eligen primos no nones para perpetrar sus atentados lo hicieron desde aquel septiembre negro en Munich aguardaron a que fuera la madrugada del 5 de septiembre.  

Presuponemos  que son facciones distintas pero yo no lo creo (la clave está en la simbología numérica  importantísima en el Islam el 66 significa Alá) es la misma matemática mercenaria evolucionando a lo largo del tiempo y que siempre ha buscado desestabilizar Medio Oriente y hacer que Occidente  les rechacemos bajo la mirada complaciente de Israel. 

Porque además chiíes, sunies, palestinos, jeques y cataries no se quieren entre sí lo estamos viendo con la insolidaridad por décadas ante los palestinos y actualmente con los sirios. A mí lo que realmente me preocupa es  el día de mañana: qué pretende la maquinaria de ese terrorismo  financiado, aupado y pertrechado con armas por "alguien". 

¿Hasta dónde llegarán sus afanes destructivos? Y mientras Occidente no haga un frente común global seguiremos, por desgracia, poniendo "Yo soy..."

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