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lunes, 30 de noviembre de 2015

CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE




POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Cuando el destino nos alcance


No quiero ser aguafiestas pero el cambio climático es irreversible, los seres humanos nos hemos cargado al planeta tierra con nuestro actual modo de producción y desalmado modus operandi que contamina todo lo que tocamos, somos el antónimo del Rey Midas.

¿De verdad creemos que primar la vida humana y la de los demás seres vivos como animales y plantas le va a interesar más que forrarse de dinero a los  productores industriales?

Por ejemplo, dudo que dejen de fabricarse automóviles para reducir la contaminación que emana a la biosfera primero, a causa del proceso productivo y segundo, del uso cotidiano de esos mismos vehículos. 

Recuerdo que fue la alemana Volskwagen con su pesada y ancha reputación la que nos engañó vendiendo supuestos coches  menos contaminantes.

Menuda mentira! Si usted presumía de ser un conductor mucho más responsable y amigable con el ambiente y salía sonriente cada mañana creyendo que con ello le daba un atisbo de posibilidad de disfrute del planeta tierra a  los hijos de sus hijos, qué fiasco constatar que el dinero y la ambición son más relevantes que la vida humana.

Si una marca de reputado prestigio internacional además socialmente responsable hace eso -truca las emisiones de sus vehículos- qué no harán las otras industrias con nuestros alimentos, con la ropa fabricada, con los productos cotidianos, con los medicamentos; etc.

Ellos son los responsables de buena parte de la contaminación del planeta y de su calentamiento y deberían estar todos esos magnates industriales también en la Cumbre del Clima de París junto con los mandatarios de casi todos los países del mundo.

Si las multinacionales no modifican su forma de producción en verdad nos vamos a enterrar nosotros mismos y dejar sin posibilidad alguna a nuestras  huestes. 

Porque culpables son quienes al producir un bien vierten sus desechos en ríos, lagos, riachuelos, lagunas o inclusive hacia el mar; quienes ponen en tiraderos al aire libre sus  perjudiciales residuos;  quienes usan carbón o diversos procesos que emiten gases a la biosfera.

¿De qué sirve tanta preocupación y firmar en el papel si China, India y Estados Unidos los más contaminantes no obligan a sus millonarios industriales a modificar sus procesos productivos?

Simplemente observemos cómo se ha recrudecido la metamorfosis medioambiental en los últimos treinta años en la que llueve más, tiembla más, hay más tsunamis, más especies de animales y plantas extintas y otras en peligro de desaparecer para siempre.

Se ha borrado la línea otrora claramente divisoria entre las estaciones del año, ahora en un día, en un solo día podemos experimentar las cuatro estaciones qué diría Vivaldi. 

Para los agrocultivos y las plantas la pérdida del paso de un estamento climático a otro les provoca un daño en su proceso de fotosíntesis y reproducción. Pero qué más da si los científicos ya tienen una respuesta alterando la naturaleza con los transgénicos.

Para lo único a lo que la ciencia no ha logrado solución es para limpiar el aire, para reducir el calentamiento global, para cerrar la capa de ozono ni para crear una forma limpia de producción.

Quizá cuando empecemos a caer muertos asfixiados por la pésima calidad del aire debido a las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2) y ozono troposférico (O3) veremos la dura realidad delante de nuestros ojos.
A COLACIÓN
La XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático o 21 Conferencia de las Partes (COP21) más conocida como Cumbre del Clima de París pretende que todos los mandatarios asistentes firmen un nuevo compromiso más allá de Kioto: descarbonizar el planeta, reducir las emisiones contaminantes y limitar el aumento de la temperatura global en menos de dos grados centígrados.

¿Lo harán? Bien pueden firmarlo pero de allí a llevarlo a la práctica... habría primero que recambiar el chip en los procesos industriales, en la forma de hacer agricultura para lograr verdaderamente una economía biosostenible. 

Nosotros como personas en nuestro diario vivir y en nuestro entorno podemos coadyuvar a reducir nuestra huella ecológica siendo consumidores más sostenibles y más racionales. Pero, si somos en el planeta más de 7 mil millones de seres humanos y más de la mitad viven en condiciones de miseria, ¿cómo les decimos que no usen el carbón para cocinar o calentarse si para ellos su primera prioridad es la supervivencia no salvar al planeta?
A mí me parece que a esta cita con el destino ya hemos llegado muy tarde...

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