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miércoles, 2 de diciembre de 2015

¿LOS ECOIMPUESTOS QUE VIENEN?




POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia


-¿Los ecoimpuestos que vienen?


La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advierte que, para el año 2050, incrementarán 130% las emisiones de gases de efecto invernadero de origen antrópico.

Es decir, el sintagma es que son gases derivados de la propia actividad humana anthropikós por ende, vamos a decirlo, difíciles de controlar en esta espiral que nos lleva a nubes negras y densas de smog entre contingencias ambientales, animales y plantas en extinción, mayor deshielo y mares que ganan más territorio.

La imagen de Pekín enfrentando una grave crisis en máximos de contaminación, con ciudadanos desdibujados entre  una espesa neblina venenosa es la cara más destructiva  por antonomasia del  ser humano.

Cabe puntualizar que  los llamados gases de efecto invernadero más relevantes están formados por: el vapor de agua, dióxido de carbono (CO2) metano (CH4), óxido nitroso (N2O) clorofluorcarbonos (CFC) y ozono (O3).

Una mezcla compleja que arroja todo tipo de mediciones y concentraciones, por supuesto, de daños frontales y también colaterales es digámoslo el enemigo invisible emanado de  un proceso visible.

Los tres países responsables de la mayor parte de las emisiones son China, Estados Unidos e India, precisamente las economías más populosas y en expansión industrial.  Este  triunvirato gobierna en el reino de la polución pero también de la hipocresía.

¿Qué no fue Estados Unidos el que se negó a firmar el Protocolo de Kioto puesto en el papel y en  la mesa desde 1997 y en vigor desde 2005?

El presidente George W. Bush retiró a  su país de la mesa de los acuerdos en 2001 alegando que para la Unión Americana resultaba demasiado costoso en términos pecuniarios tanto controlar, como reducir, sus emisiones causantes  del calentamiento global.

Una década después, en la Cumbre del Clima de París, el presidente Barack Obama acepta que "asumirá su responsabilidad"  en medio ya de una  carrera termométrica en la pista de la escala Celsius.

Ha salido de esta reunión con más de 140 mandatarios y sus respectivos equipos mucha información, demasiada y preocupante, como la que muestra imágenes de cómo la crecida de océanos,  mares, lagos, ríos y lagunas se va tragando buena parte de las ciudades más importantes del mundo.

Otra plaga apocalíptica además del terrorismo del ISIS y de otros grupos similares también tenemos que enfrentar otra forma de terrorismo: el emanado del cambio climático asesino asimismo de civiles inocentes, expulsor de gente de sus terruños de origen (por falta de agua, sequías o devastaciones naturales) causante de hambrunas y especulación de precios.
A COLACIÓN
Se lo debemos a los hijos de nuestros hijos. Hace unos días, Angela Merkel, canciller de Alemania, lo dijo en la inauguración de la COP21 de forma contundente: "Es un tema de justicia intergeneracional".

No somos los imprescindibles, es qué clase de planeta les vamos a heredar y no se trata de joyas, ni de casas, sino de forma de vida. Por ellos  debemos tomar conciencia como seres moralmente responsables a fin de reducir  nuestra propia huella ecológica, ser más sustentables y menos contaminantes.

Quizá en medio de plazos fatales, logremos algo positivo. En la Cumbre del Clima de París se habla de reuniones globales de evaluación cada cinco años; de fondos verdes; y aportación de subvenciones a los menos desarrollados por parte de los países más contaminantes. 

Algo me queda cierto, de este encuentro y los documentos que serán signados, nos llegarán más temprano que tarde un cúmulo de impuestos ecológicos y ambientales. Para los productores y para los consumidores. Será a fuerza de pegarle al bolsillo del ciudadano como nos obligarán al cambio, a cierta austeridad  a ver si así aprenderemos a ser consumidores más racionales respetando al medio ambiente.

Lo único que aguardo es que las decisiones de política fiscal,  en pro de la ecología y mitigar el cambio climático buscando enfriar el planeta, también su recaudación sea bien utilizada por los respectivos gobiernos para crear cadenas virtuosas ecoamigables; por ejemplo, comenzando por el transporte público. 

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