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viernes, 22 de enero de 2016

CON TINTA ROJA

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
@claudialunapale


-Con tinta roja



Una minoría en México  busca inflamar el país a costa de lo que sea por encima de los intereses generales y del bienestar común, demostrando con ello  sus intenciones de detener “el tren del cambio”, que a todas luces debe arrancar.

El cambio siempre genera per se una resistencia intrínseca a la que debe vencer poniéndose en marcha.   Cambiar es transformar, avanzar, sobreponerse a los resabios,  romper el atavismo y vencer las resistencias. 

En este momento histórico, el país no debe recular,  además de cuajar todas las reformas hay que levantar el frame para favorecer el proceso del bono demográfico y darle opciones a  una población mayoritariamente joven y en edad productiva.

Hace unos días, releí un libro clásico de la literatura mexicana: “México Bárbaro”, de John Kenneth Turner, periodista estadounidense que describió  los horrores de la Revolución Mexicana en un país geográficamente amplio e incontrolable.

Me surgen  varias reflexiones en torno a la violencia y las armas. De aquella literatura revolucionaria cualquiera de sus pasajes semejan el rostro dolorido del México moderno del siglo XXI, un país secuestrado por una panda de gente sin ley y con pretensiones de someter a una de las economías que desde años muy atrás fue convocada a figurar como una de las principales del mundo.

A principios del siglo XX  Turner relató las atrocidades llevadas a cabo por gavilleros que entraban a las haciendas, saqueaban, quemaban, mataban a sus dueños, violaban a sus mujeres y dejaban huellas de su paso con decenas de colgados para atemorizar con tal nivel de destrucción.

Con el tamaño de la dimensión geográfica retomar el control fue una de las etapas más difíciles de la época post revolucionaria así como convocar y convencer a la gente acerca de las bondades del desarme y restablecer las leyes civiles.

Por eso es que tantas armas de alto calibre y granadas circulando por territorio nacional no pueden dejar tranquilo a nadie como sucede en la actualidad. Menudo negocio para el mercado negro resulta el tráfico de armas.  El meollo es un mercado que moviliza demasiado dinero. 

El peligro para el Estado es de tantos civiles armados, cifras extraoficiales indican que el año pasado el tráfico de armas entre México y Estados Unidos creció 250% a una cantidad cercana a los mil 500 millones de dólares y que además  a territorio nacional entran armas utilizadas en otros  lugares, muchas de fabricación soviética. 
A COLACIÓN
En el recién nacido estado 32, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno  de la Ciudad de México, implementó hace poco más de un año un programa denominado “Por tu familia, desarme voluntario”.

En buena medida la fórmula se apoyó de la  Iglesia Católica dado que la gente dejaba las armas en los atrios de las parroquias a cambio de vales por una computadora.

Hasta la fecha, el gobierno de Mancera ha recibido 7 mil 279 armas de fuego y a cambio ha entregado la misma cantidad de computadoras. Las delegaciones que más han contribuido al desarme son: Gustavo A. Madero e Iztapalapa con el 76.2% del total.

Y para como vamos, con los acontecimientos de la virulencia social en las calles y la inseguridad, debería extenderse la idea  de Mancera a todo el país, ser un programa Federal.
De alguna manera hay que comenzar a desarmar a México, tanta gente armada no es precisamente una forma de salvaguardar la paz, ni de preservar el Estado.

Sé que es un desafío titánico porque además sin exigir visado para estadounidenses ni canadienses tenemos un traspatio inseguro, una verdadera coladera para la delincuencia, lo ilegal y todo tipo de crímenes.

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