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viernes, 15 de enero de 2016

ENMASCARADOS



POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
@claudialunapale


-Enmascarados


Sí está imparable y no, no estoy hablando ni de la caída de los petroprecios, ni de la constante depreciación del peso respecto al dólar, me refiero al robo de identidad.

El quid  es que este delito financiero requiere de una mayor tipificación y además de penas más severas dado su crecimiento exponencial en  México, el daño económico en las personas y el desamparo de la intimidad  ante el predominio de las  redes sociales.

Para nuestro desconsuelo, de acuerdo con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) tan sólo de enero a junio del año pasado fueron reportados 28 mil 258 casos  relacionados con el robo de identidad.

Muy seguramente cuando se presente el diagnóstico del segundo semestre y  sea emitida la valoración de 2015, con toda certeza los datos seguirán siendo preocupantes. 

De acuerdo con Biométrica, en México, en los últimos tres años se agravó el  crimen de robo de identidad con pérdidas aproximadas de nueve millones de dólares en afectación tanto a personas físicas, morales como a instituciones.

¿Qué significa esta acción malvada? El robo de identidad es un fenómeno ligado a la ciber-delincuencia aunque tiene diversas variantes: puede suceder por medio del Internet (sustrayendo los datos de acceso como passwords) también a través de la banca electrónica por teléfono (emulando la voz) e incluso incurrir en la falsificación de documentos oficiales (credenciales de elector, pasaportes y actas de nacimiento) para operar los fraudes.

Esta actividad ilícita comenzó en los países más desarrollados como espejo del avance de las operaciones electrónicas y de la penetración de la red más universal de todas.  

Poco a poco fue globalizándose  hasta alcanzar a los países donde los marcos jurídicos enfrentan enormes lagunas legales para contrarrestar y castigar las nuevas modalidades delincuenciales ligadas con el ámbito financiero, tales como el phishing,  clonación de tarjetas, sustracción de códigos y contraseñas en los cajeros automáticos; y fraudes por banca electrónica.

Mientras los legisladores no actúen con celeridad en el tema de los nuevos delitos financieros, los usuarios de la banca y en general todo aquel que posea un bien, estarán absolutamente desprotegidos ante malhechores cuyas armas son la elaboración de un software para obtener información, sustraer bases de datos y hasta valerse de  hackers.

Parece una película de ciencia ficción, empero, es mejor  amigo lector que se lo tome objetivamente muy en serio  porque nuestra cotidianidad digital no es efímera llegó para quedarse y con las aparentes facilidades que nos proporciona vivir en la sociedad de la información y la era digital se crean también ventanas de oportunidades para llevar a cabo acciones negativas dada la vulnerabilidad intrínseca.

Precisamente, Cristos Velasco fundador de la empresa North American Consumer Project on Electronic Commerce (NACPEC) explica que los delincuentes adoptan la identidad de una persona como pudiera ser su nombre, fecha de nacimiento, dirección, números de licencia y de seguridad social (para cobrar pensiones), números de tarjeta de crédito y de cuentas bancarias, nombres de usuario y contraseñas.

Los tipos más comunes de robo de identidad, por ejemplo, son: 1) Financiero, que consiste en la utilización de la información de una persona para solicitar tarjetas de crédito, préstamos, adquirir bienes, contratar servicios o para alquilar propiedades. 2) Penal, por medio del cual el delincuente utiliza la información y la identidad falsa de un individuo para defraudar a terceras personas. 3) Negocios o Comercial, el cual consiste en que el delincuente solicita tarjetas de crédito, efectúa transferencias electrónicas de fondos o utiliza las cuentas bancarias y de cheques a nombre de una compañía.
A COLACIÓN
Como todo proceso, para romper la retroalimentación del círculo negativo delincuencial de lo que se trata es de prevenir, reaccionar y castigar. Lo que no puede suceder es que el país esté deshabitado de la justicia penal necesaria para dar los escarmientos obligados. 

En lo primero, le adelanto que Biométrica ha creado un sistema  de datos biométricos para todo el conjunto de las instituciones de crédito que permitiría proteger la integridad de  todos los usuarios de los servicios financieros y a su vez cerrar las puertas de los bancos  para siempre a los infractores. Este año podría entrar ya en funcionamiento.

En  lo segundo, las personas debemos aprender a autoprotegernos, a ser más cuidadosos con nuestra información personal evitar que otros se pongan una  máscara de nosotros. Para ello es menester modificar contraseñas cada semana; no enviar datos relevantes por canales fácilmente alterables y proteger con el software necesario tanto la computadora como los demás dispositivos. 

En lo tercero, lo deseable es que la Cámara de Diputados y de Senadores, puedan llevar a cabo las adiciones necesarias a los respectivos códigos penales a fin de elevar tanto las sanciones, como ampliar  el baremo de qué sí es o no, el robo de identidad. 




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