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miércoles, 16 de marzo de 2016

¿PARAÍSO O INFIERNO?




















POR LA ESPIRAL

Claudia Luna Palencia


-¿Paraíso o infierno?


 Técnicamente un paraíso fiscal es “un territorio o Estado que se caracteriza por aplicar un régimen tributario especialmente favorable a los ciudadanos y empresas no residentes, que se domicilien a efectos legales en el mismo. Típicamente estas ventajas consisten en una exención total o una reducción muy significativa en el pago de los principales impuestos”.

En la práctica, las variantes son multiformes y muchos países pueden esconder o disimular “islas financieras que sirven de camuflaje para paraísos fiscales”.

Fundamentalmente hay varias razones que alientan tanto a ahorradores como a inversores para sacar el dinero de su país de origen para ocultarlo  en otro: 1) El respeto al secreto bancario con una buena dosis de opacidad de por medio. 2) Atractivos intereses y privilegios por mantener sendas cantidades de dinero en la cuenta. 3) Ventajas fiscales.

Y a pesar de que diversos organismos internacionales están a la “caza” de los paraísos fiscales en tiempos en los que incrementa el movimiento de flujos monetarios de origen ilícito ligado con  terrorismo, secuestro, compra de armamento y otra larga lista de  actividades ilegales, aún así éstos continúan vigentes.

El hecho es que son una magna tentación para varios políticos, gobernantes en el poder, empresarios y accionistas de grandes multinacionales y todos los que se liguen con el submundo de lo ilegal, ilícito y delincuencial.

Es cierto que se han dado pasitos a nivel global al respecto de ablandar el secreto bancario  y otras acciones en el terreno de lo legal como la llevada acabo por Suiza al aprobar la Ley Duvalier (por Jean Claude Duvalier, ex dictador de  Haití) que permite restituir a los pueblos  el capital sustraído por pillos en el poder. De esta forma cuando alguien conocido por tener un cargo político de alto rango abre una cuenta en Suiza inmediatamente se le ficha como “persona  políticamente expuesta” y se vigila el comportamiento del flujo de los ingresos.

A COLACIÓN
 Mientras el mundo no logra sacudirse totalmente sus horas más bajas en materia económica, la evasión fiscal, el dinero gestionado de manera ilegal y la opacidad persistentes en los llamados paraísos fiscales mantienen a muchos en la indignación cuando todos estamos convocados a ser contribuyentes... y honorables.

Precisamente hace unos meses atrás, Tax Justice Network  emitió un estudio  en el que puso en tela de juicio los esfuerzos del G-20 para eliminar el blindaje de los paraísos fiscales.

 Luego de un amplio  análisis de 72 jurisdicciones, Tax Justice Network concluyó que los criterios utilizados para elaborar una lista negra de paraísos fiscales es inadecuada e ineficaz.

A su juicio, el avance en el intercambio de información simbolizado en varios acuerdos bilaterales suscritos desde 2009 para salir de esa lista negra es más un manifiesto en el papel. 

Muchos paraísos fiscales captan incluso más dinero que antes y estamos hablando de Suiza, Islas Caimán y Luxemburgo por no obviar que Estados Unidos sí, el país más quisquilloso del orbe es desde luego una aspiradora de caudales pecuniarios sucios.

 Y por supuesto, todavía entre los mercados más opacos figuran  Suiza y muchas de las plazas financieras que han dado fama al concepto de paraíso fiscal como Caimán, Jersey, Belice, Barbados o Gibraltar.

Por cierto que Belice, ubicado en el traspatio sur de México, tiene en los últimos seis años un auge como paraíso fiscal de llamar la atención. Incluso es considerado en América Latina importante lavadero de dinero para mafias de secuestradores,  cárteles de la droga, grupos ligados a la compra y venta de armamento; etc.

 En mi opinión, sostener  paraísos fiscales en funcionamiento es una actividad reprobable porque nada de lo que se tenga que ocultar puede ser bueno y menos en momentos en que la economía paralela e ilegal avanza con celeridad. Muchos millones del terrorismo y el secuestro, manchados con sangre, están en el circuito financiero.

 Por ello es que el mundo legal pide cuentas claras, transparencia, fin a los números borrosos; no se vale que a media Humanidad se le pida seguir las reglas y a la otra se le permita hacer lo que mejor le plazca.

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