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jueves, 17 de marzo de 2016

Tiempo de recogimiento



Si con nuestro ejemplo logramos que alguien que no crea, lo haga; si a esa oveja descarriada, con nuestro ejemplo, logramos regresarla a la fe, a la práctica cotidiana de alimentar el espíritu con la oración  y con ir a misa (sobre todo en familia) comulgar y ejercer en su diario vivir los preceptos morales mamados desde la cuna como católicos... entonces será la mejor forma de alabar a Dios.

Semana Santa es mucho más que la representación de estatuas paseantes, yo como católica no soy adoradora de imágenes ni me gusta la idolatría que se presume por las calles en muchas partes del país. 

Gente que  durante años ha dejado de ir a misa, ni siquiera hace oración, y muy posiblemente arrastre una doble moral sale a acompañar por las calles a quien debería acompañar siempre, cada día, y no dejarle solo. 

Honrarle con la mano tendida al menesteroso, quererle como ser humano de paz y de bien; amarle con la generosidad de quien está dispuesto a darlo  todo sin esperar nada a cambio. 

Hoy, en este mundo tan atribulado, con gente sufriendo desgarradoramente más que saetas, cánticos, palmas y procesiones lo que necesitamos es, como dice el Papa Francisco, ayudar al prójimo y no ceder un ápice como católicos de bien sin discriminar a nadie

Estos días no son de fiesta, son de luto, ni siquiera las vacaciones son óbice para acercarse al Señor para darle las gracias por su infinita bondad, para que el único reconcomio sea por perdonar, limpiar el alma de rencores y tomar la fuerza para caminar de frente con la mirada en alto. 

De nada sirve comulgar si se alimentan los odios más viscerales, la venganza maldita y la inmoralidad. No olvidar ir a misa y orar. 

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