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miércoles, 11 de mayo de 2016

CHINA: ACTOR VITAL EN A.L







POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
@claudialunapale


-China: actor vital en A.L


Si bien el capitalismo despegó en Inglaterra en los prolegómenos del siglo XIX cuando la Primera Revolución Industrial mostraba sus señas de identidad, fue en Estados Unidos donde amacizó con tal auge que llegó para quedarse con un liderazgo que sólo está siendo disputado en la actualidad por China. 

¿Cuántas veces los agoreros  anticapitalistas  y  antiimperialistas han dado por muerta a la economía estadounidense e inclusive hasta al dólar? Pero ni el crack de 1929, ni la etapa del capitalismo bastardo ni el oscurantismo del 11-S o el ladrillazo de la crisis  subprime desde 2007 han terminado fragmentándolo aunque quizá ya no por aventurerismo sino por realidad sea China (en definitiva) el eje  concéntrico.

No debemos soslayar que el dragón rojo está en una constante fase de cambio, adecuación, transformación, desregulación y readaptación a los desafíos de su creciente demografía, de sus necesidades socioeconómicas, financieras, de inversión y todas las expresiones emanadas de un capitalismo sui generis .

Lo es desde el momento mismo en que acontece una liberalización entre corchetes en la economía, la industria, la empresa  y las inversiones sin que salga del todo la mano reguladora del Estado y esencialmente sin que triunfe el binomio capitalismo igual a democracia.

China es hoy por hoy una economía capitalista metida en la camisa de fuerza de un sistema político sin democracia, dominada por una plutocracia donde el PCCh tiene enorme poder centralista. 

Curiosamente, Cuba es en América, la nación que ahora intenta extrapolar el modelo chino para su isla ahogada en problemas financieros, de deuda externa, paralizada en términos económicos y tribal en muchos aspectos. La Cuba de los Castro la quieren reavivar con dólares empero sin empaparla en un proceso de reconversión política favorable a las urnas, los partidos políticos y la democracia. 
A COLACIÓN
Mientras el gigante asiático aparca cualquier atisbo de reforma política es innegable que desde hace más de una década su evolución está presente en la mesa de todos los asesores de inversión así como de agentes económicos. 

A tal grado que en la actualidad su desaceleración es uno de los componentes de choque negativo dentro del contexto de la globalización porque además no es únicamente su impacto directo en 124 países sino que duplica el comercio estadounidense con el resto del mundo.  También es exportador de capitales, inversiones, coinversiones y va adquiriendo un relevantísimo papel como financiador del desarrollo.

En Madrid, hace unos días, fue presentado el informe "Perspectivas económicas de América Latina 2016: hacia una nueva asociación con China", convite en el que además quedó patente los lazos entre los inversionistas chinos y los latinoamericanos así como el grado de penetración de la economía asiática en buena parte de los países de América del Sur. 

Estados Unidos desde hace años  dejó su hegemonía en América no nada más la comparte con Europa sino también China se la ha disputado de forma muy relevante; salvo el bastión de México unido por el TLCAN, la ubicación geográfica y la creciente dolarización de la economía mexicana. 

Si algo quedó claro en las proyecciones presentadas para este año es que China experimenta una etapa de metamorfosis porque desea constituirse como el principal eje de órbita en la economía global. 

Y que dentro de sus adecuaciones, América Latina seguirá siendo primordial en sus planes de asociación y expansión sobre todo porque la región representa una oportunidad para mejorar en infraestructura, en servicios y para aprovechar el maná de sus recursos naturales. 

No en balde en  la última década el comercio se ha multiplicado veintidós veces entre América Latina y China, sin embargo, quedan varios pendientes tanto de uno como de otro lado.  

La región además de los consensos, la continuidad de las reformas, la actualización urgente de la infraestructura debe atender las rémoras socioeconómicas: lleva sesenta años metida en la trampa del ingreso medio sin dar el salto cualitativo que otros países ya dieron en su momento. 

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