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viernes, 20 de mayo de 2016

(DES)PROTECCIÓN INDUSTRIAL









POR LA ESPIRAL 
Claudia Luna Palencia
@claudialunapale



-(Des) protección industrial


La globalización ha hecho posible muchas cosas como crear de la mano de los avances tecnológicos y digitales propios de la Era de la Información esa sensación de cercanía, como si muy pero muy detrás, hubiesen quedado las fronteras geográficas.

Quizás por ello más que nunca sea pertinente en  materia industrial, comercial, cultural y creativa defender los derechos de marca, fabricación y propiedad industrial máxime cuando alguien tiene la idea genial de copiar algo bonito que miró en determinado viaje.  Y lo hace, claro, con fines de rentabilizarlo.

Recientemente, el Real Madrid Club de Fútbol enfrenta en los juzgados españoles una querella contra una persona a la que denunció por confeccionar y vender camisetas del Madrid Republicano.

Los abogados de Florentino  Pérez argumentan un delito contra la propiedad industrial además con un perjuicio económico contra el club merengue que unos días más disputará la final de la Champions contra el Atlético de Madrid.

El anatema mercantil se encuentra en los juzgados desde hace meses y no será nada fácil  resolverlo aunque se tengan pruebas físicas y la patente esté registrada. 

En México también se conocen de estos dislates pero no todos terminan en tribunales muchas veces el dueño de la idea, por desgracia, ignorancia o desidia, no protege ni sus creaciones ni sus diseños con marca registrada ni con las patentes debidas.

Entonces piratear algo se vuelve el pan nuestro de cada día, y no debería serlo porque se provoca un daño económico maximizado cuando la o las copias se usan para nutrir el mercado negro y la economía subterránea.

China y su voracidad expansiva ha puesto muchas veces contra las cuerdas a la propiedad intelectual de terceros en otros países, es digamos, el gran copycat del orbe internacional.

El problema es que el consumidor que es quien tiene la última palabra y la de mayor peso debería desdeñar, rechazar cualquier intento de consumo relacionado con artículos apócrifos. El dilema es el bolsillo.
A COLACIÓN
Puede imaginarse amigo lector, ¿cuántas cosas no habrá de imitación? Deben ser miles y esto subsume a la propiedad intelectual y su necesaria legitimación y protección en un limbo. 

El plagio, esa tenebrosa palabra, está cada día más presente en nuestro diario acontecer porque tal parece que viene lubricada por la expansión sin límites de la globalización.

Simplemente un buen día una modista francesa se toma unas vacaciones en México lindo y querido, sucumbe ante la belleza y singularidad de sus bordados y decide trasladarlos a su atelier a cientos de miles de kilómetros, justo del otro lado del Atlántico. 

Así de fácil empieza a manufacturarlos y a venderlos en una colección disponible en Europa y buena parte del mundo porque con lo digital las barreras de acceso cada vez son mínimas. 

Hasta que un día alguien de renombre en México se da cuenta que Isabel Marant está utilizando los calados oaxaqueños -propiamente los de las blusas  elaboradas por el pueblo de Santa María Tlahuitoltepec- en los catálogos de sus selectas clientas que puedan pagar una blusa por 230 euros, al tipo de cambio actual del euro versus el peso,  la cantidad de 4 mil 600 pesos. 

Entonces se desata una polémica en la que el propio presidente municipal de este poblado de la sierra oaxaqueña solicita la intervención  y amparo de la autoridad federal para  que sean resarcidos los daños económicos por el plagio y sobre todo se reconozca la propiedad de producción de los artesanos. 

Decía Emiliano Zapata que "la tierra es de quien la trabaja", pero cuando existe un valor agregado, añadido de por medio, es menester protegerlo y quien quiera utilizarlo que pague entonces los correspondientes derechos por la explotación de la marca y fundamentalmente por su lucro. 





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