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miércoles, 15 de junio de 2016

ESPAÑA: DEBATE Y ELECCIONES








POR LA ESPIRAL 
Claudia Luna Palencia
@claudialunapale


-España: debate y elecciones



Justo a trece días de que en  España suceda otro convite electoral para elegir presidente y representantes en el Congreso, este pasado lunes aconteció un debate histórico entre los cuatro candidatos en liza con el resultado anticipado de que habrá un candidato ganador pero nuevamente imposibilitado para formar Gobierno por falta -otra vez- de mayoría absoluta.

España está encajonada en su sistema electoral, un engranaje funcional en un bipartidismo acomodaticio pero que embrida con la multifragmentación tal y como ha sucedido el 20 de diciembre pasado.

Entonces ganó el presidente Mariano Rajoy del PP tras obtener 123 escaños en el Congreso seguido del PSOE con 90 curules; Podemos con 69 y Ciudadanos con 40.  Para formar Gobierno la ley española marca el número de 176 como mayoría absoluta.

Hubo un momento en enero que la población creyó que se podría llegar a una alianza, una coalición de pactos con el PP, PSOE y Ciudadanos bajo el entendido de que el enemigo para la democracia española lo representa el inusitado golpe de efecto que Podemos y su demagogia populista ha asestado en ciertos grupos.

Pero el candidato Pedro Sánchez, líder del PSOE, se instaló en una muralla de noes, una negatividad insuperable que obligó al virtual ganador a convertirse en presidente en funciones y desistir, dando un paso atrás, en  la formación de alianzas para gobernar.

Así es que Sánchez lo intentó, pero él también tropezó con otra piedra calcárea y mucho más ambiciosa: Pablo Iglesias, candidato y dirigente de Podemos, le pidió al socialista la Vicepresidencia y el control de buena parte de los ministerios más sensibles así como los cuerpos de Inteligencia a cambio del apoyo de 69 diputados para investirlo en la Presidencia.

Y como tampoco a Sánchez le alcanzaban las cuentas, al igual que a Rajoy, requería de sumar una tercera fuerza para completar los requisitos de la mayoría absoluta. 

No hubo forma de cuadrar la aritmética del PSOE porque la trampa de pactar con los independentistas hubiera sumido en la catástrofe a los socialistas y su credibilidad.

Todavía en medio del estupor por la parálisis política,  en la nación ibérica, hubo quienes aseguraban que en el último minuto acontecería un milagro (un trato inesperado) antes de que se cumpliesen todos los ritos marcados por la Constitución.
A COLACIÓN
En el actual escenario pocas cosas han cambiado en España: la tasa de desempleo sigue por encima del 20%  tal y como ha acontecido en los últimos cinco años y medio ubicándose junto con Grecia en los países con mayor saldo rojo en el renglón del paro. 

Tampoco ha variado la presión del déficit público que al cierre del año pasado se ubicó en el 5.16% del PIB -uno de los más elevados de la Unión Europea-  y que ha tenido como contrarrespuesta la enorme posibilidad de una sanción por parte de la Comisión Europea debido a la desviación del objetivo del déficit pautado desde Bruselas. 

En el terreno político-electoral, la sorpresa significativa es la decisión de Podemos e Izquierda Unida de unir esfuerzos en las votaciones del 26 de junio con Pablo Iglesias como aspirante para la Presidencia bajo la marca Unidos Podemos.

Con esta jugada estratégica, diversas casas de demoscopia dan por descontado que el PSOE pasará a convertirse en la tercera fuerza política ante la mirada angustiosa de los barones felipistas que atestiguan con desazón cómo la época dorada del socialismo suave va diluyéndose, desplazada por otra izquierda con ideas más rupturistas y extremistas.

Tenemos el caso de Metroscopia con un análisis de la intención del voto difundido recientemente y que avizora un 23.2% de los votos para dicha alianza; el PP se llevaría el 29.9%, el PSOE el 20.2% y Ciudadanos obtendría el 15.2 por ciento.

Pero ante las cábalas, lo único verdaderamente malo, sería que tras el 26 de junio el candidato ganador se encontrase nuevamente impedido para gobernar, que el desgaste sea una larga letanía que acompañe hasta diciembre o lleve inclusive a otras nuevas elecciones... las terceras. 














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