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lunes, 6 de junio de 2016

PETRODEBACLE







POR LA ESPIRAL 
Claudia Luna Palencia
@claudialunapale


-Petrodebacle 



La tan cacareada Reforma Energética además de que llegó demasiado tarde lo hizo con desaciertos porque se ha quedado como una reforma de bajo perfil convertida más en un coco de cabeza para el actual gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que en satisfacciones concretas.

Lo ha tenido todo en contra: el tiempo, el mercado internacional, el shock de los petroprecios, la inminente fortaleza y autosuficiencia energética de Estados Unidos; así como  la debilidad de la industria energética interna, hasta el agotamiento del modelo sangrante de las petrodivisas que ha imperado a lo largo de todo el siglo pasado.

La dura lección es que México se equivocó, después de la etapa del Desarrollo Estabilizador,  no debió jamás entregar su expansión a una sola variable eje como lo hizo con el petróleo; se creyó -por miopía económica o ignorancia política- que las ventajas comparativas y competitivas por ser productor de hidrocarburos durarían toda la vida. Peor aún: que Estados Unidos sería el eterno cliente. 

Pero ni lo uno, ni lo otro. Las decisiones de reforma, modernización, desincorporación y sobre todo de cortar la ubre de las petrodivisas a los presupuestos y los programas populistas que no llegaron en la década de 1970,  ni acompañaron en los noventa el proceso de desregulaciones, privatizaciones y coinversiones, repito tuvieron su evidente oportunidad.

Actualmente parece obsoleto -aunque no lo sea del todo figurativamente-  tanto  el armatoste de Pemex, su tecnología y hasta sus empleados; qué lejanos quedan aquellos días en que el tamaulipeco Joaquín Hernández Galicia "La Quina" entronizado líder del sindicato petrolero exaltaba a sus trabajadores en cada acto y discurso oficial. 

Dentro de la  pretendida liposucción a Pemex, para reinventarla rumbo a los nuevos desafíos  globales, al menos 50 mil empleados  de la mítica paraestatal serán despedidos; se trata de un tercio de la plantilla laboral.
A COLACIÓN
La inestabilidad internacional en los petroprecios marcada más bien por una tónica descendente (con determinadas sobre-reacciones de rebote momentáneo) le ha pasado factura a todas las empresas  ligadas con dicha industria, sean privadas, mixtas o públicas.

En especial llama poderosamente la atención la debacle en las petroleras latinoamericanas atrapadas en sus horas más bajas: Petrobras, la semi-pública brasileña, se le ha juntado todo en el mismo espacio  desde lo negativo del entorno externo, a la crisis política nacional, los terribles escándalos de corrupción más la  caída en picada de la economía carioca.

El pasado fin de semana, Michel Temer, presidente interino de Brasil anunció que otorgaba total libertad de gestión de precios internos a Petrobras que había permanecido encorsetada para fijar los precios de salida del gas, gasolina y diesel porque en privilegio al control de la inflacion no le quedaba de otra más que absorber (en contra de sus finanzas) el diferencial de costos de  importación y los de venta. 

En Venezuela, PDVSA,  la paraestatal exprimida por el chavismo hasta la saciedad está al borde de dejar impagados  bonos por un total de 10 mil 200 millones de dólares; lo que alguna vez fue la jaula del rey Midas se ha convertido en un trampantojo... las malas noticias cunden.

Atorada en necesidades de liquidez, la petrolera enfrenta severos rifirrafes con Paraguay, país al que el presidente Nicolás Maduro ha dado un plazo de diez días para que cumpla con un pago por 287 millones de dólares antes de acudir a un tribunal internacional.

Por su parte Pemex,  ha echado mano de la tijera recortando presupuesto, revisando contratos y desacelerando su ritmo de exploración. Recientemente  renegoció sendos contratos por  las plataformas de perforación a fin de reducir los precios que paga por subcontratación.

Y tiene atorados proyectos, facturas que se acumulan pendientes de pago a proveedores y existe todo un mar de reproches que señalan a la paraestatal como negligente por la falta de mantenimiento en sus infraestructuras poniendo en riesgo la vida de sus propios trabajadores. La causa son las arcas vacías, la cuasi quiebra técnica, de la que un día fue boyante y otrora poderosa. 

Hace unos días el Fondo Monetario Internacional (FMI) amplió su línea de crédito flexible a México de 67 mil millones de dólares por 88 mil millones de dólares vigente por dos años dentro de un programa del organismo internacional denominado Línea de Crédito Flexible (LFC).

Se trata de una especie de salvavidas  "úsese sólo en caso de emergencia" para cuando el incendio en la macroeconomía sea insoportable o el peso siga cayendo en picada ante el dólar o Pemex requiera de ser rescatada porque dejarla quebrar sería tanto como hacerse harakiri. Miedo me da. 

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