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lunes, 18 de julio de 2016

LA GUERRA CALIENTE





POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia


-La  Guerra Caliente


Creímos como si fuera una ilusión creada por David Copperfield que el mundo sería mucho mejor una vez concluida la Guerra Fría porque aparentemente se alejaba el fantasma de una amenaza nuclear y de otra gran conflagración mundial.

Empero el avance del tiempo nos ha negado la razón, nos equivocamos en el balance inicial, porque al romperse los contrapesos con el desmantelamiento del muro soviético y sus confluencias se perdió el equilibrio global y emergieron nuevas fuerzas  geoestratégicas disputándole a Estados Unidos convertirse en la otra carga de atracción.

Desde mediados de la década de los ochenta no hemos parado de ver transformaciones significativas motivadas por el reacomodo de fuerzas a las que aludimos: la URSS impulsó la glásnost y la perestroika desde 1985 hasta 1991 culminando con el desmembramiento del bloque soviético y el requiescat del comunismo y el  Comecon; en 1989 cayó el Muro de Berlín y las dos alemanias se integraron.

Pero  los diez años posteriores fueron virulentos para la paz sobre todo para los europeos que experimentaron en su suelo la desgraciada Guerra de los Balcanes analizada como un conflicto étnico entre serbios, croatas, bosnios y albaneses y que concluiría con más de 200 mil víctimas civiles muertas, un río de exiliados,  la extinción de Yugoeslavia y con otro perfil para Europa del Este.
Los antiguos comunistas y viejos aliados soviéticos se habían multifragmentado.

En la actualidad de las seis nuevas repúblicas soberanas en que se partió Yugoeslavia: Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia; únicamente Eslovenia (en 2004) y Croacia  (en 2013) forman parte del club de la Unión Europea mientras que las demás se encuentran en negociaciones para ingresar. Y de todas, Eslovenia es la única que además tiene al euro como moneda común desde 2007.

Es  decir, los Balcanes vivieron su sangrienta reconfiguración y reacomodo como zona sensible en  los intereses europeos; pero la historia no se acaba con ello.  Todo lo contrario han venido acelerándose desde los  funestos acontecimientos  terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y en especial concentrándose en el mapamundi de Europa y el mapamundi de Oriente Medio.
Y está siendo Europa, su territorio es uno de los más atacados por el terrorismo de células extremistas, no nada más es Francia recordemos antes a España, Reino Unido, Bélgica y también Turquía porque su ubicación concéntrica es euroasiática.

Pero además del terrorismo, la Unión Europea lleva ocho años amenazada de muerte por una crisis económica devastadora, por si fuera poco enfrenta  una crisis humanitaria por los refugiados sirios desde el traspatio de Europa del Este y para acabarla de amolar Reino Unido ha dicho que se les va.
Europa tiene además largos años luchando contra sus propios demonios internos: los eurófobos y euroescépticos que buscan de una u otra forma socavar el poderío de este enorme mercado económico de más de 500 millones de potenciales consumidores. Si Europa se rompe el puzzle de la frágil estabilidad del contrapeso de poder necesario para hacer frente a Estados Unidos se convierte en cenizas y muy seguramente en escenario de otra gran guerra.
A COLACIÓN
Existen muchos intereses de por medio para romper a Europa en este siglo y es que Europa es el dominio del Mediterráneo, es el control de los  Balcanes y a través de Turquía como aliado -todavía no miembro de la UE- un garante también del dominio en disputa del Mar Negro.

Europa es el epicentro de la estabilidad global en ella recalan todos los intereses observemos bien: es Estados Unidos con el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) con la UE; es China queriendo posicionarse como el gran socio de los europeos en materia comercial y de inversiones; son los turcos vendiendo sus favores políticos y militares como parte de la OTAN,  puerta a Asia y ahora  muro de contención de los refugiados sirios. Y luego están los rusos con el petróleo y primordialmente el gas entubado los que tienen el sartén por el mango para con la energéticamente hablando enclenque y dependiente Europa.

El continente está aprisionado entre fuerzas políticamente divergentes entre sí,  incontestables y lamentablemente el punto de fricción está focalizado en el Mar Negro.
Reino Unido podrá irse de la Unión Europea y desatar un maremoto económico pero lo otro puede desembocar una gran Guerra Caliente. Siria y su intestina guerra civil con sus múltiples intereses implican un pretexto pero miremos el Mar Negro en disputa clara entre la Turquía de Erdogan y la Rusia  de Putin en cuanto suenen los balazos entre Ucrania y Crimea veremos los alcances de la devastación.

Quizá en un par de años más comenzaremos a añorar aquellos viejos tiempos de la Guerra Fría, en la que los contrapesos permitían tener todo en su sitio con las fuerzas centrípetas perfectamente perfiladas. Y es que ahora la temperatura empieza a ascender peligrosamente, y no, el verano no es el culpable.

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