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miércoles, 13 de julio de 2016

TRES TIGRESAS EN LA TEMPESTAD






POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia




-Tres tigresas en la tempestad

Puede que el próximo retrato de familia en el World Economic Forum -en enero de 2017- incluya por vez primera e histórica a tres mujeres lideresas gobernando a tres de las diez mayores economías del mundo por su PIB y tres también de las más competitivas del orbe.

La foto de Hillary Clinton (si gana la Presidencia de Estados Unidos en las elecciones de noviembre) será la más buscada al lado de Angela Merkel, la canciller de Alemania y de Theresa May, la nueva flamante primera ministra de Reino Unido.

No se sabe si este  matriarcado traerá un mejor horizonte en el descabezado entorno internacional marcado por enormes desafíos tanto en la geopolítica como en la geoeconomía. 

La ruta del Brexit es sin lugar a dudas lo que  más preocupa a la Unión Europea (UE) por lo pronto la primera ministra May asume el poder en medio del rápido deterioro de las perspectivas económicas de la nación británica.

Las primeras consecuencias de dejar a la UE han desatado una grave crisis de confianza por parte de los agentes económicos, de los inversionistas y de los ahorradores de diversa escala que han metido su dinero en los poderosos fondos de inversión ingleses.

En las primeras 24 horas, tras el anuncio fulminante del "we are out", se desató una oleada de recelo traducida en volatilidad en los mercados financieros derivada del temor de lo inédito del hecho de la ruptura; pero esencialmente ante las enormes interrogantes, por ahora sin respuestas, ¿qué sigue después del agrio divorcio?

Los movimientos especulativos en la libra, la sangría en los parqués bursátiles y la desconfianza van cebándose en la solidez de la rancia economía inglesa.
A COLACIÓN
En los negocios, la incertidumbre es la peor de las consejeras, lo han sentido ya siete fondos de inversión ingleses ligados a bienes inmobiliarios cuyos clientes habrían ordenado la recuperación de su dinero para trasladarlo a otros fondos menos expuestos al Brexit ante una esperada depreciación en el valor de los activos inmobiliarios ingleses.

Ante la avalancha de clientes deseosos por recuperar su dinero, Standard Chartered, Aviva Investors y M&G anunciaron un corralito que fue secundado por Canadá Life, Henderson, Columbia Threadneedle y Aberdeen AM para evitar una corrida que terminase quebrantando las inversiones en el ladrillo británico. Así 16 mil millones de libras (casi 19 mil millones de euros) han quedado encajonadas "hasta nuevo aviso" para sus clientes.

En contrarrespuesta para tratar de controlar la marejada, el Banco de Inglaterra ha salido a actuar como lo que es: el banco de bancos, el aval de última instancia que anunció estar listo para inyectar 250 mil millones de libras (313 mil millones de euros) en el sistema y sus entidades financieras para oxigenarlas y contener el maremoto.

Y aunque en el argot financiero se habla recurrentemente de que "toda crisis crea oportunidades" se desconoce si el desplazamiento de la City como centro financiero europeo será un movimiento telúrico suave con otras atalayas como Fráncfort como eje.

Por lo pronto, la OCDE advierte que el Reino Unido llegará a 2020 con una reducción del 3% de su PIB; en boca del propio José Ángel Gurría, secretario general del organismo, podría ampliarse hasta una contracción del 5% en 2030.

En  corto, los analistas más moderados estiman una caída de un punto porcentual y los más agresivos de hasta punto y medio en el PIB para 2016. Mientras que Standard and Poor's confió recientemente que los ingleses lograrán escapar de una "recesión plena".

Mucho más catastrofista es PwC, la consultora elaboró un análisis para la Confederación de la Industria Británica (CBI) en el que avisa de pérdidas de 100 mil millones de libras (130 mil millones de euros) para la economía del Reino Unido gracias a la obstinación de irse de la UE. 

Sin embargo, todo es papel mojado,  meras especulaciones porque todo dependerá de la duración del proceso de ruptura con la UE. Y el tiempo, esa pelota no está en el tejado de los mandamases de la Comisión Europea, sino en las garras de May.

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