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lunes, 24 de octubre de 2016

CÁNCER, LA PALABRA MALDITA



                                   POR LA ESPIRAL
                                   Claudia Luna Palencia

        



-Cáncer, la palabra maldita






Esta columna no la dedicaré a la buena noticia de que España por fin tendrá Gobierno en unos días más cuando Mariano Rajoy, presidente en funciones, volverá al Congreso buscando la investidura; la logrará no en la primera vuelta que es por mayoría absoluta sino al día siguiente por más votos a favor.

Más bien abordaremos el tema del cáncer como enorme problema de salud pública porque además de tener una repercusión en la vida de las personas -aspecto importantísimo y de vital  relevancia- también tiene un impacto en el sistema público de salud, en la calidad de vida de las personas afectadas y en cierta medida relativa en el tejido socioeconómico y en  el ámbito laboral.

Ya a nadie le queda duda de que nuestra generación y todos los que vienen detrás serán afortunadamente más longevos, la prolongación de la vida es una buena noticia, empero, queda por resolver el galimatías de procurar que ésta sea cualitativamente lo mejor posible después de los setenta años de edad.

No dejaremos de enfermar, tampoco lo hemos dejado de hacer en tiempos en que la obesidad, los problemas cardiovasculares y el cáncer son los grandes jinetes negros; claro hemos avanzado bastante si nos comparamos con el Medioevo en el que la viruela, la peste y  hasta un simple resfriado terminaban en el camposanto.

Pero cada época tiene sus avatares antes se vivía poco y ahora se vive más pero repito no dejamos de enfermar y nuestros desafíos cotidianos para la supervivencia se multiplican en la medida que proliferan las bacterias, hongos, virus, se habla de superbacterias y hasta de los decesos provocados por la contaminación del aire… el maldito smog.

También están los contaminantes químicos y petroquímicos que el ser humano tiene a su alrededor en una  chocante cohabitación porque los tenemos en nuestra casa, en la ropa y aún peor en los propios alimentos. Y todo eso nos enferma.

Curiosamente mientras los organismos internacionales, diversos lobbies,  y algunos países más concientizados unos que otros impulsan un cambio en la codependencia productiva hacia las energías fósiles y llaman a tratar de reducir la contaminación del ecosistema, en general poco se hace para eliminar  la exposición que los seres humanos tenemos como consumidores ante multitud de mercancías y alimentos contaminados.

Me parece perfecto que existan organismos públicos o privados para la defensa de los derechos de los consumidores cuando se violentan las garantías del comprador pero deben profundizar más su quehacer impidiendo que dejen de colarse tantos químicos dañinos en las mercancías y esencialmente en todo cuanto comemos. Hay que desechar los paraderos.

Este fin de semana en RTVE transmitieron varios especiales con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama todos basados en una producción australiana que recaba diversas evidencias científicas.

Me dejó consternada el estudio que realizaron a la leche materna de varias mujeres en fase de lactancia para analizar a fondo la calidad del líquido transmitido por vía oral al bebé. Todas reportaron un elevado contenido de DDT.

Nada más sacude pensar que a lo más preciado para un ser humano se le esté amamantando con una bomba de químicos y pesticidas porque la madre es lo que come y bebe; en obvias circunstancias  pasa al torrente en el que se forma el calostro.
A COLACIÓN
El documental titulado “Defender nuestros senos” aborda un  debate controversial entre la medicina pública y privada en relación con el cáncer de mama dado que ataca a la detección precoz y al uso indiscriminado de las mamografías “para lo que muchas veces es un diagnóstico de probabilidad a desarrollar un cáncer  algo muy distinto a tenerlo”.

En la investigación que con todo gusto comparto http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-defender-nuestros-senos/3767578/ se aduce como hipótesis que todos los seres humanos en determinado momento de nuestra vida manifestamos cánceres durmientes que muchas veces desaparecen porque nunca proliferan; pero hoy con tantos estudios y técnicas cualquier anomalía celular temprana es fácilmente detectable y por ende se aduce que es un cáncer.

         Varios médicos cuestionan que subsiste el interés del negocio y que hoy por hoy se está enviando al quirófano a mujeres con prediagnósticos con posibilidades de llegar a tenerlo; pero como no se quieren arriesgar en esa lotería, pues las operan, les dan quimio, las medican y muchas incluso pierden su vida familiar y laboral hundidas  en el estrés, el desgaste físico, el miedo y también los gastos extras que suponen enfrentar a este monstruo.

         Claro porque la paciente paga de su bolsillo muchas cosas del tratamiento que a veces se prolonga más allá del año y  aunque tenga acceso a la red de hospitales públicos, la enfermedad supone un gasto inesperado  tanto para las cuentas personales como para las arcas de la familia.  Y si el Sistema Nacional de Salud no cuenta con el presupuesto suficiente pues imaginemos la presión en la economía familiar. ¿Prevenir o no prevenir? ¡Vaya dilema!.

        








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