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lunes, 21 de noviembre de 2016

NO AL PROTECCIONISMO




                      




            POR LA ESPIRAL
                       Claudia Luna Palencia
                                   @claudialunapale




-No al proteccionismo




No creo que encerrarse entre cuatro paredes sea la respuesta efectiva para resolver toda la problemática interna que aqueja a las economías en diferentes grados, formas y expresiones.

A la fecha, la única conclusión fehaciente derivada de la experiencia de la globalización es que no existe un país –más o menos desarrollado o industrializado- exento de problemas; la diferencia será su magnitud.

Por ejemplo hace unos días leí un editorial que señalaba que Holanda está cerrando sus cárceles ante la falta de presos, una realidad chocante la suya si la contrastamos con Brasil o México por citar un par de casos.

Pero no, a pesar de ello, Holanda no es el paraíso terrenal que también tiene su conflictiva; no hay por ende el país perfecto quizá sí como todos perfectible mucho tiene que ver el modelo de sociedad, la cultura, la educación, las creencias, la ideología y los atavismos.

De allí que me parece una reverenda tontería resolver los desafíos internos recurriendo a una muralla precisamente en tiempos en que la Sociedad de la Información nos ha dejado prácticamente sin ninguna y para cuando el Internet de las cosas nos avasalle… no habrá límite.

Estos días en la cumbre de la APEC en Lima, Perú el grito catártico de buena parte de los líderes más representativos del mundo es en contra del proteccionismo, para no resucitar el cadáver de las tasas arancelarias sin piedad.

Trump, el excéntrico candidato electo por las masas disconformes para sentarse en la Oficina Oval,  juega a tahúr estrella presumiendo de  ases en la manga  ignorando que orbitamos en una fase del capitalismo globalizador sin parangón no hay en la literatura económica una expansión y concatenación similar a la del actual momentum por el simple hecho que el avance tecnológico y digital está experimentado por vez primera.

No obstante él quiere las fórmulas del siglo XIX y replicar el escenario acontecido entre las grandes guerras del XX para meter a la Unión Americana en una cajita de cristal sin inmigrantes malévolos, con un comercio muy controlado (siempre y cuando sea favorable para su balanza) y haciendo su propio club internacional de amiguetes con los que compartir su particular tarta de cumpleaños.

En la APEC, los pronunciamientos de los líderes globales han sido precisamente contra todo esto: impedir el retorno a las cavernas de las exportaciones e importaciones aderezadas con trabas enormes en la medida que los aranceles se imponen por capricho del mandatario y su botón de mando.

Simplemente dejar atrás el GATT costó ocho rondas y muchos años de reuniones entre los ministros encargados de economía y de comercio, para tener un marco  más estable para el comercio multilateral.

No es baladí que el GATT formado en 1947 (una de las herencias de la posguerra) al ceder paso al nacimiento de la OMC en 1995 trajera como resultado una proliferación de acuerdos y tratados de libre comercio en buena parte del orbe.

Tampoco lo es que de 1980 a 2000 el comercio mundial lograse un crecimiento del 6% anual ni que varios países –entre estos México- sufrieran una metamorfosis en su aparato productivo al dejar atrás el modelo de sustitución de importaciones al optar por  una economía más abierta.
A COLACIÓN
¿Es malo el comercio internacional? ¿Es la liberalización comercial el  Leviatán? ¿O estamos mejor si le ponemos un arancel del 150% a los plátanos importados de Republica Dominicana o del 350% a los aguacates michoacanos que se venden en Estados Unidos?

Me parece que no estamos teniendo memoria suficiente para recordar cómo era el pasado no tan lejano cuando las tasas arancelarias eran cinco o  seis veces superiores a las todavía imperantes.

¿Quién pierde? Lo voy a responder no desde el punto de vista macroeconómico, no voy a citar ni a la cuenta corriente ni a la balanza de pagos,  lo voy decir con todas sus letras “el consumidor”. 

La mayor afectación de amurallarse al exterior lo paga el bolsillo del consumidor, esto es, la microeconomía; porque entonces sus opciones de elección se constriñen a consumir lo local al precio y a la calidad de sus productores que confiados ante la falta de competencia y el proteccionismo oficial hacen lo que se les pega la gana con los consumidores.

La competencia es buena y cada cual aprovecha sus ventajas comparativas y competitivas…






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