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miércoles, 23 de noviembre de 2016

¿UN LOBO CON PIEL DE OVEJA?




                      




            POR LA ESPIRAL
                       Claudia Luna Palencia
                                   @claudialunapale




-¿Un lobo con piel de oveja?





            Hace unos días Barack Obama, presidente saliente de Estados Unidos, visitó Europa para despedirse de sus colegas miembros del debilitado club europeo de los 28 (serán 27 en cuanto se vaya Gran Bretaña allá por 2024); en un inter aprovechó para cenar en privado en el Hotel Adlon en Berlín con su amiga Angela Merkel, la canciller alemana que finalmente anunció su intención de buscar un cuarto  período de gobierno en 2017.

            El adiós del mandatario estadounidense fue recogido con cierto dejo de nostalgia por algunos medios de comunicación,  digamos hasta con un toque ridículamente lacónico, como si partiera  “el último héroe” no caído de la batalla sin final.

            Pretendo ser lo más juiciosa posible para ubicar la figura de Obama en el contexto internacional que él delegará en manos de quien parece ser su antítesis, porque Trump habla más rápido de lo que piensa y eso es  riesgoso.

            Pero, ¿es Barack Obama el heraldo del Olimpo? No desde mi particular visión; para empezar me hubiera gustado saber qué tanto influyó el tempranero y polémico Nobel de la Paz otorgado en el año 2009,  unos escasos meses después de que él asumió el poder el 20 de enero de dicho año.

           Se quedará en mera conjetura, si el primer presidente afroamericano de la Historia de la Unión Americana, hubiese actuado de manera distinta (de cara a la galería internacional) sin el premio de por medio.

          Desde luego no podemos soslayar que Obama se marcha con elevados índices de popularidad (asunto inentendible porque no benefició en nada a la candidata Hillary Clinton) y lo curioso es que igualmente en el exterior se siente un cosquilleo por su partida.

            Sin embargo, el legado del personaje de piel sensible para lloriquear públicamente por los estudiantes muertos a mansalva por sus propios compañeros, ha sido de terrones de azúcar que van derritiéndose conforme sale el sol.  No están las grandes reformas prometidas en  ocho años de gobierno y en el exterior deja una aldea global al borde de una gran guerra… la tercera para ser exactos. 
A COLACIÓN
            Con Obama, el policía del mundo dio una zancada hacia atrás que ha sido muy bien aprovechada por Vladimir Putin, presidente de la  Federación de Rusia, para reposicionar el eje eslavo en la esfera internacional.

    Con el Nobel en la espalda, las decisiones geoestratégicas fueron de una tibieza mayúscula: en octubre de 2011 anunció la vuelta a casa de todas  sus tropas y comandos desplegados en Irak desde que su homólogo George W. Bush decidió invadir el califato de Saddam Hussein con objeto de cazarlo.

            Justificó su decisión argumentando que “la guerra había terminado definitivamente para Estados Unidos” y salió de una nación partida, hecha un desastre con etnias disputándose el control. El Estado Islámico emergió con ese caldo de cultivo.

       El auge del terrorismo internacional  ha sido mayúsculo durante la era Obama muchos más muertos que los del 11 de septiembre de 2001 so pena de recordar que Putin no ha desperdiciado tiempo alguno en ir anexionándose los viejos territorios de la antigua URSS.

            El Mar Negro es un hervidero militar con barcos de la OTAN, turcos, los de Putin más  los ucranianos, la tensión es tan álgida que ayer el presidente ruso ordenó que sus misiles nucleares apunten hacia Europa.

            Siria y su guerra intestina con más de cinco años de conflictividad sangrienta es también resultado de su política ausente de compromisos internacionales; a lo sumo su único gran  logro es el tibio acuerdo con Irán pero ni en lo comercial ni en lo climático se pueden gritar fanfarrias porque en lo primero ha dejado al TTP a medio camino y el TTIP en quimera mientras que  en lo segundo, tampoco existe un compromiso definitivo.  

         Nunca se comprometió con la OTAN  a defender a Turquía afectada por lo de Siria, ni mucho menos a frenar el derramamiento de sangre, en una nación en la que Bashar al Assad se sostiene con los alfileres del Kremlin.

            Y ha dejado tal pero tal mega lío que toda su visión taciturna  le ha pasado factura a la Unión Europea hoy por hoy el club más afectado por todos lados, porque Estados Unidos reculó y porque Putin les está poniendo el pie encima.


            En fin, se marchará  feliz a casa, pondrá el Nobel en la chimenea adornada con luces cortas y largas, escuchará a los Doors  y leerá las noticias de la nueva geopolítica del caos.

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