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miércoles, 7 de diciembre de 2016

CARSTENS, ¿HUYE?




           
           




            POR LA ESPIRAL
                       Claudia Luna Palencia
                                   @claudialunapale



-Carstens, ¿huye?




Estos últimos días se ha desatado una oleada de críticas y agrios comentarios contra Agustín Carstens por su reciente nombramiento al frente del Banco de Pagos Internacionales.  Se le ataca, dicen los sabihondos, por huir del Titanic –como las ratas- justo cuando acaba de chocar contra el gran iceberg.

No haré una defensa meliflua del actual gobernador del Banco de México pero en cierto sentido me parecen sobradamente errados muchos de los ataques  contra él.

Como economista creo firmemente que existen dos piedras angulares de la política económica que en la praxis deben estar exentas, absolutamente blindadas, de cualquier intento malsano del gobernante de turno: me refiero a la política monetaria y la política fiscal.

Entre mayor independencia tengan las instituciones encargadas de su administración, gestión y ejecución será en buena medida una forma de salvaguardar que el banco central termine convirtiéndose en  “la caja chica del Gobierno”; las reservas internacionales en el juguete roto del populismo y el alza o subida de impuestos en un intercambio por votos.

En ECONOMÍA una cosa es lo que todos quisiéramos que fuera y otra la  realidad: yo quisiera de corazón que no existiera un solo pobre, que tuviéramos las sociedades más homogéneas, menos discriminatorias, más inclusivas e igualitarias. Una quimera.

Una quimera porque en primera instancia no somos individuos con las mismas capacidades no estamos por naturaleza dotados con similitud de cualidades y defectos. Por ende, no reaccionamos igual ante los estímulos y desafíos del ambiente, de  la vida y de la toma de decisiones.

Somos en principio heterogéneos y eso implica un enorme reto para la política económica que en esencia no se toca el corazón ante una decisión de  recorte, alza de impuestos o de tasas de interés.
A COLACIÓN
Cuando yo estuve como becaria en Banco de México me quedé desde entonces con una percepción de aridez pero sobre todo de seriedad, no es cosa nimia tener tanta responsabilidad.

Yo cursaba el segundo semestre de Economía y me presenté a las becas   y pruebas de acceso para el Banco de México para alumnos en el último año de la carrera (omití que estaba en primer año).  Y fui aceptada (con condiciones porque  yo no estaba por egresar de la universidad) entonces me enviaron a la Gerencia de Estudios Económicos que encabezaba Agustín Carstens.

En realidad todos los alumnos de mi generación –de los noventas- se morían de ganas por entrar a Banco de México y estar bajo el mando de Carstens; yo duré un mes y solicité mi cambio a otra gerencia, la del sistema financiero internacional con José Ramón Palencia.

Lo hice porque creía que el reloj de arena se había paralizado en Estudios Económicos y la econometría les hacía perder el pulso de la calle, Carstens no es precisamente la persona más sociable del mundo, es un hombre dogmático y ensimismado en su propia órbita. Eso sí muy inteligente y con un amplio campo de conocimiento. Carstens representa como nadie el espíritu de Banco de México.

            Créame amigo lector si le digo que con Carstens o sin Carstens la moneda azteca llegará a 23 pesos por dólar en 2017. Si él se queda o se va da igual, la especulación y la volatilidad no dependen del todavía gobernador del instituto central, el meollo es que para los inversores, gestores y especuladores internacionales la economía mexicana sigue siendo una emergente.

            Y eso se llama confianza. El dinero de un inversor internacional retorna a un país porque sabe que su gente, la que maneja su política económica tiene seriedad y palabra. México lo que debe hacer es quitarse la etiqueta de emergente, debe ante todo ponerse una muy grande que diga “compromiso”.

            En los  últimos días he escuchado todo tipo de argumentos señalando por qué el país azteca no usa su enorme cúmulo de reservas internacionales por 174 mil 0643 millones de dólares (saldo del 2 de diciembre pasado) para inyectar dólares y entonces bajar la presión sobre del peso.

            Y no estoy a favor de hacerlo porque caeríamos en un barril sin fondo, un doble juego de espejos muy riesgoso: nosotros inyectamos dinero y los especuladores siguen presionando; las reservas bajan y bajan y la presión no amaina. La teoría económica que alude al mercado de libre flotación es precisamente esto, tenemos una burbuja de volatilidad adherida al nuevo presidente de Estados Unidos. México es la variable más correlacionada con Estados Unidos y por ende un presidente tan contrario, contradictorio y equidistante levanta esta presión. Pero insisto, se quede o se vaya Carstens, no depende de él ni tampoco estamos en 1994 ni en 2008. Podemos pasar el huracán…







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