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viernes, 20 de enero de 2017

DAVOS LE TEME AL POPULISMO




                                               POR LA ESPIRAL
                                               Claudia Luna Palencia
                                               @claudialunapale







-Davos le teme al populismo






Desde las montañas nevadas suizas, estos días, como es tradición suele reunirse el cónclave de los más poderosos del mundo, gobernantes y empresarios,  para intercambiar sus puntos de vista acerca del año que recién feneció y aventurar un poco cómo pintan los meses venideros.

La crema y nata del capitalismo ha  dedicado el foro de este año a China en medio de un contexto enturbiado por el Brexit, el terrorismo, el nuevo papel de Rusia en la geopolítica y la rutilante ascensión de Donald Trump en la política estadounidense.

Algunos líderes y diversos empresarios de multinacionales seguirán reunidos  hoy justo cuando Trump asuma el mandato  de la Casa Blanca e iniciemos junto con él, un período que todo apunta abrirá nuevamente el melón del proteccionismo y la persecución contra la mano de obra extranjera so pena de contravenir  todo por cuanto en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial se ha luchado por derruir y desregular.

Es muy interesante que el período entre  las dos grandes guerras del siglo pasado, el proteccionismo aumentó como muralla defensiva en los países industrializados, se multiplicaron los aranceles, crecieron las fricciones por la enormidad de cuotas, portes y derechos de paso aduanero que había que pagar por el tránsito de las mercancías por la vía marítima.

Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y otros industrializados castigaron muchísimo las importaciones, vía aranceles, de productos tales como el hierro, el carbón, el acero y otros metales. Se dieron muy duro en dicha materia. Eso fue entreguerras.

Así como hay distintas formas de hacer el amor, también las hay para hacer la paz y por supuesto, la guerra. En las batallas no nada más existe el cuerpo a cuerpo, las armas y las balas. También una guerra comercial tiene mucho que ver con las tácticas militares.

Simplemente, ¿quieres ahogar al enemigo? Córtales las rutas de paso de sus bienes, servicios y mercancías, sanciónalo limitando su intercambio con el resto del mundo e imponle enormes cuotas arancelarias. Por ejemplo, veamos el largo e histórico boicot contra Cuba impuesto por Estados Unidos.
            Algunos intentan dan por sentado que después de todo fueron los hermanos Castro los que terminaron venciendo a Goliat tras el acercamiento de la Administración Obama; empero no es cierto, al final al final, triunfó esta táctica  de guerra impuesta por Estados Unidos porque el  hambriento pueblo cubano, industrialmente retrasado y con calles derrumbadas ha sido el  verdadero gran damnificado. Hincado ante los yankees.

Pero estos tampoco han sido los únicos boicots implementados por el policía del mundo, en medio de la frágil paz de la Guerra Fría ha ejercido su tiranía belicosa comercial contra los palestinos, los sirios, afganos, vietnamitas, iraquíes, iraníes, libaneses, rusos y también contra Corea del Norte y otros países de África y Asia.
A COLACIÓN
Xi Jinping, presidente de China, atisba con premura el próximo encontronazo, un auténtico choque de trenes, si Trump termina poniendo trabas y elevando aranceles a sus importaciones las que provienen de China, México y de otras partes del mundo.

En los pasillos de Davos las voces corren a favor de que prevalezca el actual entramado económico, comercial y de inversiones sobre del que la globalización ha logrado  edificarse.

Aunque también hay otra preocupación en ciernes, primordialmente entre los mandatarios de los países más industrializados los que llevan de la mano al capitalismo globalizador. Esa angustia se llama populismo.

Y tiemblan vaya que lo hacen. Tan temerosos están por Trump y el efecto del Brexit como de una avalancha populista, nótese cómo al final también están siendo alcanzados por  momios prohijados al calor de muchas políticas ortodoxas aplicadas en los países emergentes y menos desarrollados como recetas para salir de una crisis económica o financiera.

Ahora los monstruos los persiguen como Frankenstein en contra de su mentor, y son las grandes fortunas las que presienten azorados la crecida populista.

El meollo es que mientras no sea resuelta la enorme disparidad en el mundo real, el de la gente de a pie, ya sea en África, América o lo mismo en Europa, no habrá forma de garantizar que la fórmula de los Castro o de Chávez, Ollanta o Evo no será emulada en Alemania, Francia, España, Reino Unido o Estados Unidos. En Davos deben tener temor en tanto no haya un quid pro quo en los baremos socioeconómicos.









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