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lunes, 20 de febrero de 2017

UE: EL BARCO PUEDE NAUFRAGAR




                                   POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
                                   @claudialunapale




-UE: el barco puede naufragar




Resulta harto preocupante que las economías europeas no avizoren más allá del corto plazo enfocándose primordialmente en tres aspectos: control de la inmigración, pensiones y jubilaciones y afrontar lo mejor posible los vendavales inmediatos que ponen en tela de duda la viabilidad de largo plazo de la Unión Europea (UE).
            Honestamente el club europeo, significativamente formado para dirimir las añejas y rancias confrontaciones entre los países europeos, ha permitido sumar esfuerzos y preservar la paz entre sus miembros.
            Pero ese gran mercado único y de movilidad interna entre sus ciudadanos no lo es todo, hay muchas premisas por las que trabajar, la propia larga y magna crisis que les atrapó en los últimos ocho años no ha hecho más que desnudar todas las carencias internas de la UE, ha expuesto ante la luz pública sus intimidades.
            La interpretación hacia afuera es que visto lo visto hay división interna, no saben bien cómo reenfocar el tren europeo tras la debacle y si no es Rusia la amenaza, al otro día lo es Trump tirándole dardos envenenados en contra de su unidad.
            Realmente, como economista, me atrevo a afirmar que existe una velada intención externa por desmantelar a toda costa la UE, para que el mundo quede dividido entre Estados Unidos, Rusia y China y Europa vuelva a ser “un paisito”  confrontado y dividido en pequeños principados, cotos nacionalistas y reductos de xenofobia recalcitrante.
            Y así como van las cosas no veo que el trasatlántico europeo tenga los capitanes más adecuados para evitar un hundimiento en plena luz del día, ya lo vemos, hasta la Italia del autoinmolado Matteo Renzi  ha decidido sumarse al oleaje de gran escala.
            Lo hace además en medio de un  remolino político en un año sensiblemente electoral: Holanda, en las elecciones de marzo, la extrema derecha tiene enormes probabilidades de ganar; en abril, Francia tendrá su primera vuelta y si es necesario habrá una segunda en mayo, todo puede pasar con Marine Le Pen como sorpresa inesperada.
            Finalmente, Alemania en septiembre, ya hay quien avizora una reelección bastante apretada para Angela Merkel, si es que de aquí al verano no suceden atentados terroristas que enciendan el fervor nacionalista-xenófobo de los teutones.
            Que todo sea político y política está dejando de lado los grandes desafíos de la UE, la tasa de paro sigue siendo elevada, el deterioro socioeconómico de sus propios ciudadanos no es un espejismo; nuevamente Grecia está al borde del colapso y la fórmula de los minijobs son empleos precarios forjando una masa de lumpentrabajadores.
A COLACIÓN
            La UE tiene dos grandes boquetes cerquita de su cuarto de máquinas: 1) El futuro de su sistema de pensiones y 2) el peso de su creciente deuda pública en el PIB.
            Lo primero, no hay forma de contrarrestarlo  más que con un sistema de contratación ordenado de mano de obra inmigrante en todos los ámbitos y rubros porque no es únicamente emplear a obreros o camareras. Un continente con apenas nacimientos y con una población cada día más longeva está ahorcándose a sí mismo. No habrá suficientes personas en activo para aportar por el cobro de las pensiones de los retirados, antes de diez años podría darse un gran cisma.
            En Gran Bretaña, con todos los cambios que aportará el Brexit, algunos expertos prevén la necesidad de retrasar la edad de jubilación de sus ciudadanos hasta los 70 años.
            Después está la relación de la deuda pública y el PIB, una economía que crece con dificultades, aprieta el cinturón a sus ciudadanos, reduce su gasto y enfrenta el pago de sus adeudos a cuentagotas carece de viabilidad.
            No la hay para ningún bolsillo esta ecuación trae intrínsecamente un resultado fallido. Bajo esa perspectiva cualquier incremento al gasto se mira con lupa hasta las presiones para que los contribuyentes europeos aporten más  a la OTAN no son minucias en economías asfixiadas.
            De acuerdo con Eurostat,  en la UE de los 28, la deuda pública como porcentaje del PIB tiene una media del 85%; pero al menos seis países superan el cien por ciento: Grecia su deuda pública es del 176% de su PIB, Italia del 135%, Portugal del 129%, Chipre del 109%, Bélgica del 109% y España del 101 por ciento.  Más que un salvavidas la UE requiere arreglar el boquete si no naufragará…

           








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